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title: "Argentina y el Mundial. Civilización y barbarie"
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description: "\"El reciente Mundial de fútbol 2026 y la mismísima final, nos dejaron algunas ideas para repensar\", sostiene el autor desde el ámbito académico."
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date_published: "2026-08-03T21:46:00-03:00"
date_modified: "2026-08-04T23:41:20-03:00"
tags:
  - "CAMPEONES DEL MUNDO"
  - "JORGE BENÍTEZ"
  - "MUNDIAL DE FUTBOL"
  - "POLÉMICA"
  - "SELECCIÓN ARGENTINA"
category_name: "DE COLEGAS"
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# Argentina y el Mundial. Civilización y barbarie

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***JORGE BENITES****

**E**l mundo deportivo exige a la**Argentina** que su fútbol sea ahora un juego de ajedrez De la barbarie a la civilización del juego El reciente Campeonato Mundial y en particular la mismísima final, nos dejaron algunas ideas para repensar. Una de ellas es la inauguración de una versión nueva para los futboleros del mundo. Desterrar el paradigma que muchos años atrás el gigante Diego Maradona explicó al justificar la picardía de convertir un gol algo confuso para muchos: *¡Mirá si te voy a regalar mis años de potrero!*

Argentina, un país hospitalario en una era de violencia xenófoba

La frase hacía alusión a una ayuda imperceptible con su mano, a propósito de cierta viveza futbolera.

Ahora, en cambio, se abre una nueva versión del fútbol: de pureza concorde a la honestidad en dónde triunfa lo “genuino” del juego.   
En otras palabras, también maradonianas y valga la paradoja “que la pelota no se manche”. Después de la final entre España y Argentina, los titulares de muchas partes del mundo, publicaron en sus portadas *triunfó el fútbol, perdió la delincuencia*, la trampa, la inmoralidad. Perdió la viveza, pero sólo la viveza argentina.

Aunque, para el mundo crítico del periodismo deportivo, del análisis del pensamiento, las redes sociales o el fenómeno algorítmico no definen la veracidad de los hechos, en sus vestigios más realistas, el común denominador de los comentarios cotidianos en el microclima argentino, en casa, en escuelas, en bares u oficinas, era algo así como: *nos tildan de tramposos*, *de poco caballeros*.

De utilizar la excusa del potrero, para conseguir a cualquier precio el triunfo. Esto, sumado al entorno típico del folklore argentino, en dónde la simbología de una bandera tras el triunfo frente a Inglaterra, implicaba restituir de corazón, al menos por un tiempo, un hecho que marcó tristemente la historia, como lo fue Malvinas.**“Apología política**” se tituló, desmesura del espacio deportivo refirieron desde la FIFA. Ahora esperamos las sanciones correspondientes.

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Entonces, la campaña en pos de tal *pureza del juego*se había hecho sentir por todos los confines. Ya no sólo en redes, sino también en los medios deportivos de distintos países como**Inglaterra, España, México,** y muchos otros latinoamericanos. Y así, entrampados en el alimento de los algoritmos como su fuente primaria se hacían eco de la irreverencia argentina.

Monumentos, cumbia y fernet

El mundo pasó de la admiración a la detestación. El mundo ya no le debe un mundial a Messi. Ahora Messi y todo su séquito de tramposos deben devolverle a la FIFA y al mundo entero la copa que ilegítimamente habían conseguido en Qatar. En todo caso, la simple idea tan repetida NO LO MERECEN.

¿Necesitamos entonces repensar nuestra manera de vivir y sentir el fútbol? Parece que la *argentinidad*que nace de los clubes, del barro, de las escuelitas de fútbol, ensombrecen al juego limpio, al tan cotizado fair play. Ahora, la estrategia, el no contacto, la distancia, el tablero, la cordialidad son los ejes sobre los que hay que mirar este nuevo fútbol. Como dos contendientes ajedrecistas que se saludan, toman distancia y caballerosamente juegan en silencio pensando qué jugada proponer para encerrar el rival.

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Conforme se desarrollaba la gran competición mundial, muchos medios periodísticos del mundo paulatinamente deslizaban su inconformismo por el aura argento. Lo que para el pueblo futbolero de la albiceleste era fruto del coraje, de la entrega, del corazón gaucho, para el resto del mundo, salvo excepciones, el resultado era obra y gracia de la deshonestidad, soberbia y tramposa personalidad de los jugadores argentinos.

*“Si Messi hubiese sido expulsado, no hubiese marcado ocho goles”, “La argentina llegó a esas instancias porque jugó con Cabo verde o Suiza”, “Le cobraron un penal como en Catar”, “Le robaron el partido a Egipto”, “La fifa debería descalificar a la argentina por exhibir una bandera con connotaciones políticas”.* A tal punto llegó el detesto por la albiceleste que un prestigioso medio inglés tituló, después del partido con Inglaterra, *Ganaron el partido pero perdieron Malvinas,*llevando la bronca de un resultado a la banalización de la guerra, desfigurando y aligerando lo cruento de tal episodio y sus desgarradoras consecuencias. El deseo de *‘que el mundo le debe un mundial a Messi’* se convirtió ahora entonces en ‘que gane cualquiera menos Messi y la Argentina’.

¡Gracias Marruecos! La gambeta existe

Lo curioso de toda esta narrativa es que la exigencia del *fair play,*de lo limpio, de lo caballeresco del juego, era una exigencia sólo para la Argentina, no para el resto de las selecciones. Mientras el enjambre de las redes, repetían lo de la falta de Messi en el primer partido, la estadística del balance indica que nuestro astro rosarino, fue el jugador que más faltas recibió en este Mundial, superando a Bellingham (inglés). Además, tal cuantificación lo sitúa en el segundo lugar de los jugadores que más faltas recibió en la historia de los mundiales, detrás de Maradona.

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Esta idea, simple, recortada, diseminada exponencialmente, es principalmente la manifestación de que todos quieren ver caer al poderoso. Sin lugar a dudas, el mundo contra la Argentina es el mundo contra el más grande. Inclusive, la obnubilación de lo que significa jugar con alma y vida, insiste en instalar un nuevo irrisorio record post mundial *“Argentina es el equipo que más finales perdió”.*

Seguramente, a esta tierra *del fin del mundo*como la llamó el **Papa Francisco** le falta mucho en algunas asignaturas como las sociales, políticas o económicas. Y quizá sea por eso que el vehículo aspiracional haya encontrado en el fútbol y en otros deportes un camino escarpado para sobreponerse a tantas dificultades. Es verdad también que la irreverencia contra los grandes lo convierte en el más grande.   
  
Pues sus jugadores, quienes representan a toda una masa de chicos y chicas, juegan de verdad, en el barro, en la lluvia, reivindicando el alma de los luchadores, el alma del potrero. Eso los hace verdaderamente CAMPEONES. Para el pueblo argentino el fútbol es una especie de revancha a la misma vida. Hay fútbol en **Buenos Aires**, en los grandes clubes pero lo hay también en **Santiago del Estero**, a 40 grados, en tierra y sin arcos. Un triunfo en el clásico **Boca o River** o la escuelita de barrio pueden ser modos de sentir algo de felicidad, de orgullo. Es sentir y vivir lo más importante de lo menos importante, algo incomprensible para el mundo.

****Profesor de filosofía. Educador e investigador***

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