

Es una delicia verlos. La IA, el chiche del momento como lo fue hace 30 años la telefonía celular, nos está regalando en 3D lo que era Buenos Aires en 1810. Los prompt engineers están usando mucho el barro para ponerle piso a eso que llamamos La Patria.
Los espectadores más leídos reparan en el revoque fino de estos relatos. Pero es un paso monumental lo de tener a mano atavíos y muecas de los días intensos. Nos faltan los olores de aquellas eras sin agua potable cadenas de fríos o aseos.
Mucho antes de Messi y el fernet aquella jornada fue el primer parto de la Argentina, el nombre que vendría después. El país nombre de plata donde hace tiempo se nos dice en distintos textos que lamentablemente plata no hay.
La vida de los próceres transcurría con delay. Como festejar o sufrir goles de campeonatos que tal vez habían acabado.
Desde donde está el Obelisco tardabas un poco menos en llegar a Chuquisaca o Lima que en ir a la metrópoli eurpea, a donde emigró confortable el oro y la plata del Nuevo Continente.
La saga de las colonias en América terminaba así. Con las burguesías, bis o tataranietas de los pioneros, cansadas de compartir sus rentas con aduanas y ejércitos de ultramar.
En esta Reina del Plata, un día como hoy saltó esa chaveta. La Nación Argentina que hoy vivamos, nos vino después, en sinuosos fascículos por entregas. Durante medio siglo del XIX, entre federales, unitarios y otras membresías, la gente aquí se mataba sin piedad.
Después llegamos nosotros. Salvo excepciones, bajamos de los barcos para aprender himnos y canciones vibrantes. Como en toda ex colonia hubo que pulir los bronces del Altar de la Patria.
Locro, empanadas y pastelitos. Hay sabores adaptados al paisaje inmenso cruzados por mil vientos. Y colores, como el celeste y blanco que hoy reina en el futbol.
Han pasado miles de historias inolvidables y olvidables. Y el barro que nos impide pisar sin miedo, sigue acuoso en nuestro ADN.
Pero es el mismo fango que al soplarlo fuerte, como hizo Dios con Adan, nos hará dueños de una gran época y libres de tiranos. Como auguraba Manuel Belgrano, del que tanto se habla por estas horas.
Viva la Patria.


Escribe Ricardo Frascara: El gol que no fue tres veces


















