

Día del Periodista en la Argentina. "Escribite algo picante", le dicen al cronista. El especiero está lleno de condimentos, pero pensás en el público. Suele haber quejas de gastritis, hemorroides y otras ñañas.
Son tiempos novedosos, después de la pandemia todo parece light pero nada que ver. Con la generalización de la IA que atraviesa todas las edades en el planeta, hemos dejado de pensar y sentir por nosotros.
De la mañana a la noche, vamos como indígenas con espejitos. En un sabroso podcast, el economista español Julen Bengoa dice que en este nuevo escenario de la inteligencia artificial "seremos el caballo y no el jinete". Por lo pronto, vos y yo hemos dejado de buscar en nuestros rincones esenciales del pensamiento. Está jodido el futuro de la corteza cerebral.
Todo esto es práctico y apasionante, aunque lo cuestione el Papa. Y ya asoman menos habilidades motrices y muchas menos asociativas. La inundación de bits nos serrucha la memoria reciente y estamos a tiro de un burn out o agotamiento físico, mental y emocional por estrés laboral crónico.
Los periodistas gozamos y sufrimos el tema. En las primeras curvas se nos viene piantando del portaequipajes el hábito de disfrutar de sutilezas. Quienes gustamos de enviar mensajes a través de alguna filigrana de lenguaje recibiremos una que otra frustración.
El homo sapiens está dejando de leer con atención. Políticos, empresarios, sindicalistas y prenseros, entre otros, se ufanan con aquello de que tienen activado el resumen automático de las plataforma de IA. Esto es: cuando les llega desde cualquier pavada hasta alguna generosa y esforzada construcción gramatical, la reina IA compacta el texto, en un zeptosegundo, en cuatro letras sosas de esas aptas para cualquier mortal
-Te faltó decir tal y tal cosa que yo te conté, le dice el lector al autor,
- Se ve que no leíste lo que escribí
- Es que ya no leo más, no tengo tiempo, suele ser una respuesta frecuente que antes hubiera sonado mal.
El tsunami ha derrotado a los libros y entronizado a las redes. Visionario Musk, por cuatro chirolas compró y rebautizó X. Los tuits mientras más desmadrados, mejor pegan. El poder puede ser efímero, pero sus inquilinos se aferran a la guarangada y a la persecución de la prensa , con el pulgar hacia arriba de mucha plebe, como en el Coliseo.
En Occidente es larga la lista para imitar a Oriente. Izquierdas y derechas, si es que eso todavía existe, encarcelan o matan a las voces disonantes. De nuevo, hay bastante público que aplaude a rabiar.
¿El periodismo se muere? El negocio como estaba, seguro que sí. El streaming mató el hábito del encendido a horario. Y urge reformatearse para no violar el segundaje.
"No te pases de un minuto" ruega el editor de multimedia, que anula silencios y mete grandes títulos, como si el lector fuera al oculista. J"efe es que sino te castiga el algoritmo. Le muestro a mi hija que tiene 150.000 seguidores". La pucha, es verdad, no te puedo creer...
Por estas horas, la moda es hablar de Palantir del flamante rioplatense Peter Thiel. Con otras startups ahora militarizadas y gerenciando áreas sensibles en Estados Unidos. Dicen que están enterados de lo que hacen todos y todas. Sí abuelo, sin necesidad de pinchar los teléfonos o abrir las cartas desde los sótanos de la SIDE.
Chinos, rusos, israelíes, iraníes, indios, el gordito de Corea...tienen softwares y drones cada vez más baratos. Te pueden fulminar de un cuetazo, entra por la ventana mientras te preparás el mate.
Nada de esto importa, porque cada cuatro años el Día del Periodista precede al Mundial y al furor albiceleste. Me fui muy largo. Mi editor me va a matar. Amados fans y sponsors, por favor dejar regalos en portería. Queridos colegas, disfruten a full.
*Periodista y director de CLUBminero


Escribe Ricardo Frascara: El gol que no fue tres veces






















